Qué terrible es salir de una reunión con un cliente en la que creías que todo había salido bien y no… ¡porque no te habías visto en un espejo con el cabello despeinado! Entonces se cae todo porque no prestó atención a tu discurso, pero sí a tu aspecto.
Algo así pasa con los libros, si tu lector es exigente no te perdonará un error escrito que lo sacó de la historia en la que estaba fascinado.
Hay palabras que tienen variadas interpretaciones en distintos lugares, verbos que mal conjugados y signos de puntuación que puestos donde no van, cambian lo que quieres decir.
Una corrección de estilo implica: percepciones, argumentos, imprecisiones, expresiones que varían dependiendo de lugares del mismo país y ni hablar de las diferencias con otros países. Seguramente necesita recortar palabras que sobran, vicios y las típicas muletillas. La misión básicamente es hacer que se entienda el texto y quedes como un autor que respeta a sus lectores.
Una corrección ortotipográfica tiene que ver con el uso de los signos de puntuación, las funciones gráficas y simbólicas que cumplen y sus normas de escritura. También con usar los recursos tipográficos como corresponde y unificar en un mismo libro criterios seleccionados.
Una cosa es que se te escape un error (y esto no debería pasar con un corrector/a) y otra que tengas varios errores en un libro. Estos suelen pasar por ansiedad de publicar, porque el escritor esta embebido en su historia o simplemente porque no sabe bien del uso de los signos y símbolos.
¿Recuerdas algún libro que leíste y te distrajo con su error? Han sido pocos dentro del mundo editorial, muchos en el de la autopublicación. ¿Has sometido tu manuscrito alguna vez?