Escribir sencillo,
ser intérprete de sombras.
Las palabras, a veces,
nacen en lugares donde no alcanza el sol.
Esos territorios suelen ser fecundos para la poesía.
Se podría decir que un buen poema
tiene vocación de cielo despejado,
pero si miramos sus pies estarán manchados de lodo.
Resulta
que los buenos poemas no tienen la talla de ningún espejo,
y la metapoesía escapa de las manos del sastre,
pone en evidencia el patrón del viento.
No se puede reconducir un río,
no respeta semáforos,
no entiende de medidas.
Francisco J. Pérez Madolell.